
Las prácticas legales, al igual que el sentido común, asumen la noción de consentimiento como un pilar fundacional para que todas las partes contraigan cualquier obligación contractual, ya sea comercial o política.
Sin embargo, esta pequeña pero vital disposición no figura en la lógica, o en la retórica, del secretario general de Hezbolá, Hassan Nasrallah, quien intencionalmente decepcionó la confianza de un gran segmento de los libaneses, quienes por una razón u otra, le habían delegado la lucha contra la ocupación israelí en el sur de Líbano a él y a su partido.
A pesar de la retirada israelí de Líbano en mayo de 2000, y la liberación de las tierras ocupadas, Hezbolá continúa asumiendo su papel de ser una supuesta “fuerza de resistencia” sin reconocer la necesidad de adaptarse a las drásticas transformaciones políticas.
Mientras que Hezbolá persiste en difundir ostensiblemente que su legitimidad se deriva de los libaneses en general, en realidad es su vasto arsenal militar y su alianza con el régimen sirio -el cual estuvo virtualmente implicado en la ocupación del Líbano-, lo que le permite operar paralelamente al Estado libanés con total impunidad.
Sin embargo luego del asesinato del ex primer ministro libanés, Rafik Hariri, en 2005 y de la expulsión del ejército sirio del Líbano, Hezbolá se sintió obligado a reposicionarse y a buscar garantías en un establecimiento gobernante post-Siria, en el que se les percibió como un factor desestabilizador y una violación de la soberanía estatal.
Por consiguiente, la fórmula "dorada" -el Pueblo, el Ejército y la Resistencia- fue conjurada para convencer a Hezbolá de que ninguna de las facciones políticas rivales locales trataría de desarmarlos o excluirlos del proceso político.
Esta fórmula, sin embargo, no fue suficiente para impedir que Hezbolá, en 2006, instigara la guerra israelí contra el Líbano y tampoco para prevenir que usara sus armas en 2008 para derrocar al Gobierno del primer ministro libanés, Fouad Siniora.
Trasfondo sectario
El inicio de la crisis siria complicó aún más las cosas, ya que Hezbolá desplegó a su milicia en Siria para ayudar al régimen de Al-Assad que estaba debilitado. Este movimiento puso bajo la lupa a la denominada “fórmula dorada”.
Para muchos la inmersión de Hezbolá, en la guerra siria, fue simplemente una violación del contrato original que legitimaba las armas en poder de este grupo, siempre y cuando fueran utilizadas defensivamente contra la agresión externa, ya fuera de Israel o de cualquier otro.
En ese sentido la crisis en Siria, en sus etapas iniciales y antes de la participación de Hezbolá, no representaba una amenaza real para Líbano o para sus intereses estratégicos.
Fue más bien el tono sectario que Al-Assad adoptó, junto a sus aliados iraníes, el que puso al Estado libanés justo en medio de un agudo conflicto sunita-chiita.
Además Hezbolá ya no tenía ninguna obligación de mantener en secreto su participación en otras áreas de conflicto, puesto que los discursos de Nasrallah se jactaban de la presencia del grupo en Irak, Yemen, Bahréin o dondequiera que su deber llamara.
Pero estas violaciones contractuales fueron evidenciadas por Hezbolá cuando insolentemente calificó su participación en estos conflictos regionales como una medida preventiva, destinada a proteger a los libaneses de la amenaza de violentas facciones sunitas lideradas por Daesh, y sus compañeros de viaje, y de esta manera intentó mantener la fórmula tripartita.
Estas alegaciones y argumentos, particularmente la legitimidad de las armas y las acciones de Hezbolá, nunca fueron cuestionadas públicamente por el Gobierno libanés, ya que esta organización y sus aliados evitaban constantemente el asunto, alegando que "la fórmula" claramente lo permitía.
Obligaciones con los libaneses
El reciente desarrollo que vino con la última ofensiva de las Fuerzas Armadas de Líbano (LAF por sus siglas en inglés), contra los militantes de Daesh en la frontera libanesa de Siria, fue seguido por la insistencia de Hezbolá para agregar más partes a la “fórmula dorada”.
De acuerdo con Hassan Nasrallah, la última victoria de LAF contra Daesh solo fue posible por los esfuerzos coordinados entre Hezbolá y el ejército de Assad y, por lo tanto, era justo redefinir la ecuación para incluir "una fórmula de diamante": el pueblo, el Ejército, la Resistencia, y el ejército sirio.
Al seguir esta lógica Nasrallah no sólo ha destrozado el mito de la “fórmula dorada”, que él y sus aliados trataron tan optimistamente de mantener durante la última década, sino que también demostró que claramente no les importa el consentimiento de los libaneses, ni tampoco el propósito de defender al Líbano de cualquier amenaza.
Por el contrario, Hezbolá solo pensó en sus propios intereses, y los de Al-Assad, cuando llegaron a un acuerdo con 300 militantes de Daesh que se enfrentaba a LAF, y quienes fueron evacuados de manera segura en autobuses bajo la mirada vigilante de Hezbolá y de sus combatientes.
Nasrallah trató de defender este acuerdo fáustico con Daesh como un mal necesario que le ahorraría a la LAF más bajas, añadiendo que la ética de Hezbolá y la naturaleza temerosa de Dios dictan que deben velar por este acuerdo hasta el final, a pesar de su impopularidad y de la mala publicidad que podría generar.
Desafortunadamente, este código moral de Hezbolá no cubre las obligaciones contractuales con los libaneses, las cuales violó cuando participó en la guerra siria, demostrando así que la única urgencia de su organización es apoyar los intereses iraníes en el Mediterráneo.
Mientras que Hezbolá se ve a sí mismo en condiciones de seguir modificando este contrato obsoleto y pretende añadir al régimen de Al-Assad a la mezcla, la realidad sigue siendo que los libaneses han renunciado a cualquier ilusión de que Hezbolá detenga su patrón destructivo o comparta los intereses estratégicos del Líbano.
En definitiva, en un día no tan lejano, podríamos escuchar a Nasrallah declarando que Corea del Norte, y su desafiante y desquiciado dictador Kim Jong-un, ha sido añadido a la colección de fórmulas de platino de Hezbolá, algo que ya no puede descartarse como una acción improbable.
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
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