
“Una y otra vez los ejércitos han mejorado su eficacia mediante la emigración masiva, expulsión u otro tipo de eliminación de sus oficiales superiores – tanto, que uno es tentado a creer que pocas guerras pueden ser ganadas a menos que el liderato militar sea purgado de antemano”.
-Eric Hobsbawm, Revolucionarios, Capítulo 19, “Coup d’état”
Cuando se acerca el aniversario de la operación turca ‘Escudo del Éufrates’ en el norte de Siria, es apropiado reflexionar sobre lo que las fuerzas armadas turcas (TSK) han enfrentado y lo que han logrado en el último año.
Los ciudadanos turcos por lo general son conscientes de los logros de sus fuerzas armadas. Pero la comunidad internacional, cegada por la retórica de odio hacia el Gobierno turco y por análisis errados del intento de golpe gulenista del año pasado, tiene un grado de entendimiento menor de la situación. Por lo tanto, es propicio hacer un recordatorio.
En la estela del fallido golpe de Estado del 15 de julio de 2016, surgieron de inmediato dudas, entre los analistas de seguridad, sobre los efectos en las capacidades operacionales de las fuerzas armadas de Turquía.
El gran número de oficiales de alto rango que se vieron involucrados en el intento de golpe, y en especial la pérdida de la mayoría de los pilotos de cazas F-16 de la Fuerza Aérea Turca, ya fuera por complicidad en el golpe o por vínculos con el culto gulenista, suscitó preocupaciones, en su mayoría claramente falsas.
De aquel comentario de seguridad exterior vino un análisis básico, compartido por la mayoría de aquellos que Paul Krugman (economista de Princeton) llamaría “Very Serious People” ["gente muy seria" refiriéndose a aquellos que aparentan ser expertos en un tema, pero solo tienen un conocimiento muy superficial]: Las capacidades militares de Turquía se verán fuertemente debilitadas a corto plazo, probablemente incluso por más, y no se puede confiar en que cumplan sus responsabilidades militares.
Los mensajes implícitos fueron claros. Primero, el argumento militar frecuentemente usado para defender la membresía de Turquía en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) estaba siendo atacado.
Durante los últimos años, varios analistas han asediado la membresía de Turquía en la OTAN para beneficio propio. Un argumento tradicional para apoyar el rol de Turquía en la organización ha sido el ángulo militar: Turquía es el “fuerte oriental”, Turquía tiene excelentes soldados, Turquía mantiene la seguridad en un barrio peligroso, etc.
Para los detractores de Turquía, el intento de golpe, en vez de brindar una oportunidad para discutir sobre la democracia y los procesos electorales, inspiró insinuaciones oscuras sobre un “autoritarismo latente” y la “islamización”, que en el fondo sugerían que las capacidades militares de Turquía ya no eran confiables. En otras palabras, usaron prejuicios e información errada para culpar a la víctima.
Lo segundo fue la meta más específica de excluir a Turquía de los intentos de tomar a Raqqa de las manos de Daesh. De nuevo, esto fue una temática adoptada por varias figuras con múltiples propósitos.
Una nueva tendencia ve al PYD/PKK como un actor político y militar legítimo, y quiere ver que prospere esta organización extremista violenta.
Otro grupo está más preocupado con prevenir que Turquía tenga una mayor influencia en el terreno en Siria o la región. Otra actitud simplemente desprecia al Gobierno turco y busca que se le presenten obstáculos donde sea posible. Estos enfoques se superponen en algunos casos y divergen en otros.
Escudo del Éufrates
Pero de repente algo inesperado sucedió. En los primeros días de agosto del 2016, Turquía, de manera unilateral, inicio una campaña militar en el norte de Siria con el fin de sacar a Daesh de los territorios adyacentes a la frontera turca que ocupaba.
La campaña fue encabezada por el Ejército Libre Sirio (FSA), que fue apoyado con entrenamiento, equipamiento y logística. La campaña no solo marchó como se había previsto, fue rápida y el número de muertes fue bajo. Las víctimas civiles fueron casi inexistentes.
En pocos días, Yarábulus había sido liberada, las municiones de Daesh habían sido destruidas y los civiles comenzaron a retornar. Dabiq, ciudad con gran importancia en la mitología de Daesh, fue capturada de manera expedita.
La campaña después se centró en un blanco más difícil, Al-Bab. De nuevo los pesimistas salieron a la luz, dando pronósticos caóticos sobre el esfuerzo para cruzar las defensas de Daesh en la ciudad. Pero tras prepararse cuidadosamente y haber medido las capacidades de Daesh, Al-Bab fue capturada tras un avance sufrido pero rápido.
En total, la parte militar de la operación duró un poco más de siete meses. Ahora los esfuerzos se enfocan en garantizar seguridad, reconstruir la infraestructura, proveer suministros como alimentos y ayuda médica, y en construir edificaciones como escuelas. Turquía costea la mayor parte de estos gastos.
Quienes vociferaban la idea de que las fuerzas armadas turcas se verían debilitadas de manera severa, incluso fatal, tras el intento de golpe o por la purga de oficiales subsiguiente, ignoran la historia o escogieron ese tema para atacar al Gobierno turco.
Pero las intenciones de afectar de manera negativa la imagen internacional de Turquía, y de sus fuerzas armadas, se desinflaron tras la operación Escudo del Éufrates. Más tarde, los “expertos” en seguridad retornaron al silencio, en vez de corregir sus análisis erróneos con evaluaciones más objetivas.
No cabe duda de que muchos, si no todos los analistas a los que me refiero, fueron motivados de igual manera por su odio al Gobierno turco, así como por cualquier tipo de conocimiento sobre asuntos militares.
Por lo menos algunos han cambiado o mesurado sus afirmaciones como si hubieran entendido, o se hubieran tomado en serio, la gran pregunta sobre la seguridad turca que emergió en los últimos cuatro años. Esa cuestión fue el lugar que ocupaban los seguidores de Gulen en todos los aspectos del aparato de seguridad turco.
Gulen y la seguridad turca
Cuando ocurrió el intento de golpe, la amenaza que representaba el culto Gulen a la seguridad de Turquía no era nada nuevo. Desde que se buscó el arresto del director de la Agencia Nacional de Inteligencia de Turquía (MIT), Hakan Fidan, en febrero del 2012, empezaron a surgir preguntas sobre qué era exactamente lo que estaba sucediendo en las agencias de seguridad turcas.
Tras diciembre del 2013, la única pregunta sobre la infiltración del Gulen en los servicios de seguridad era hasta qué punto existía, en especial en la rama militar; pero solo después del intento de golpe se logró ver cuán extensa era. Gulen, esencialmente se había apoderado de algunas instituciones militares, por ejemplo, la fuerza aérea.
Cualquier observador extranjero, intentando entender de manera objetiva la situación sociopolítica de Turquía en los últimos cinco años, debió haber percibido el peligro que representaban los gulenistas.
Aquellos observadores habrían entendido de manera más clara la actuación de las fuerzas militares turcas en la operación Escudo del Éufrates. Simplemente el fallido intento de golpe y sus secuelas, obviaron que los elementos gulenistas presentes en las fuerzas de seguridad turcas fueron responsables, de manera directa e indirecta, de varios problemas de seguridad recurrentes desde los últimos cinco años, o posiblemente más. Algunos de esos problemas incluyen:
1) La facilidad con la que los grupos terroristas PKK, DHKP-C y Daesh llevaron a cabo ataques en las principales ciudades de Turquía durante el 2015-2016.
2) La frontera porosa entre Turquía y Siria del 2011 al 2016.
3) La falta de voluntad o incapacidad de las fuerzas armadas turcas para lanzar operaciones al norte de Siria en el 2014-2016 (probablemente desde antes).
4) La facilidad con la que el PKK desarrolló no solo sus operaciones militares, sino también la producción y el tráfico de narcóticos en las fronteras con Siria e Irak en los últimos años, y probablemente desde mucho tiempo antes.
En el año que ha pasado desde el fracaso golpista, todos esos problemas se han reducido de manera drástica debido al incremento de la eficacia de las fuerzas armadas turcas, las cuales operan hoy como si se les hubiera quitado una carga de encima que saboteaba su desempeño.
¿Y el norte de Siria?
La eficacia de Escudo del Éufrates en Al-Bab también destruyó el argumento de que Turquía no tenía la capacidad militar para llegar a Raqqa.
En realidad, no obstante, esta capacidad fue ignorada por los analistas de seguridad internacional y el Pentágono, ya que era un hecho inconveniente que no encajaba con su narrativa.
Entonces el grueso del argumento se desplazó a los números y la supuesta falta de soldados que Turquía tenía a su disposición para apoyar la campaña de Raqqa.
Todas estas excusas eran cortinas de humo. Los argumentos anti-Turquía ya mencionados, fueron creados y propagados por diferentes figuras – académicos, miembros de think-tanks, analistas de seguridad, políticos y oficiales militares – quienes tenían objetivos en común.
Uno de esos objetivos fue frenar el involucramiento de Turquía en Siria. La efectividad de la operación Escudo del Éufrates es clara para aquellos que la analizan de manera objetiva, no obstante, mucha energía y retórica se ha gastado en asegurarse de que los turcos no jugarán un papel en la campaña de Raqqah.
Otra meta fue promover al PYD/YPG como una fuerza militar que se aliaría con los EEUU en la campaña contra Raqqa. Esto a pesar de que el PYD es la rama siria del PKK, una organización designada como “terrorista” tanto por los EEUU como por la Unión Europea. Si Turquía se uniera a la ofensiva en Raqqa, el PYD dejaría de ser una opción viable.
Por último, si Turquía se uniera a la operación, entonces tendría fuerzas adicionales en esa región, lo cual sería nocivo a los planes a largo plazo del PKK de establecer un Estado en el norte de Siria.
Más allá del hecho de que la ideología del PKK/PYD es marxista-leninista, lo cual debería preocupar a cualquiera que tome decisiones en Estados Unidos o Europa, Turquía ha declarado su oposición a cualquier proyecto de construcción de nación llevado a cabo por el PKK o cualquiera de sus grupos afiliados.
En vez de eso, Turquía ahora está negociando con Irán y Rusia para remover al PYD de la región de Afrin, al noroeste de Siria en la frontera con Turquía. De hecho, hemos esperado esa campaña por varios meses mientras las autoridades turcas han estado discutiendo la situación en Aleppo e Idlib con ambos Gobiernos. Las expectativas son de otra campaña eficiente y efectiva.
¿Y Raqqa? Lo último que escuchamos de las autoridades estadounidenses fue que la mitad de la ciudad había sido liberada de las garras de Daesh, y la lucha continuaba. Reportes sobre docenas de víctimas civiles emergen de manera frecuente. Esto mismo ocurrió durante los sangrientos esfuerzos para liberar a Mosul.
Entonces uno se pregunta ¿cuánto más efectivo, cuidadoso y respetuoso a la vida humana y a la cultura local pudo haber sido Turquía en la remoción de Daesh de Raqqa y Mosul? Tal vez nunca lo sabremos, pero las figuras políticas y militares de EEUU se deberían hacer esa misma pregunta.
A pesar del tema sombrío, me gustaría terminar este comentario con una nota positiva, enfocándome en el aspecto importante de la operación Escudo del Éufrates: las vidas.
De inmediato tras la liberación de Jarabulus, Dabiq y Al-Bab, sus residentes pudieron retornar y comenzar el difícil proceso de reconstruir sus vidas.
Decenas de miles de refugiados han vuelto a las áreas liberadas por el ejército turco y sus aliados sirios. Ahora los residentes están a salvo, no solo de los hombres bomba de Daesh y los morteros del PKK/PYD, sino también de los misiles rusos, los drones estadounidenses y las armas químicas del régimen sirio.
La seguridad se mantiene, la infraestructura se ha reparado y las escuelas en gran parte se han reconstruido gracias al apoyo turco. En los años venideros, seremos capaces de contrastar los procesos de reconstrucción en diferentes áreas de Siria e Irak, e identificar cuales esfuerzos dieron mayores resultados positivos. Al día de hoy, los esfuerzos hechos por Turquía en la operación Escudo del Éufrates han subido los estándares para los demás actores.
*Las opiniones expresadas en este artículo son propias del autor y no necesariamente reflejan la política editorial de la Agencia Anadolu.
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