29 Noviembre 2017•Actualizar: 30 Noviembre 2017
Este miércoles, el papa Francisco auspició una misa al aire abierto para más de 200.000 católicos birmanos.
Los feligreses se reunieron en Rangún, la ex capital del país, durante el tercer día de la visita –la primera de un pontífice a Birmania- tras viajar desde el estado Kachin y Chin, el estado más pobre.
Las banderas de Tailandia, Camboya y Vietnam se podían ver en la multitud, indicando que varios feligreses viajaron desde el exterior.
Desde el martes en la noche, miles de católicos comenzaron a reunirse en el estadio Kyaik Kasan, para ver a Francisco.
Oyeron al papa hacer un llamado a las minorías étnicas de Birmania, quienes han sufrido décadas de opresión a manos de los militares, no sucumbir a deseos de venganza.
Conflictos en los que se han visto involucrados los pueblos Karen, Kachin, Sha y Wa, quienes abarcan cerca del 40% de la población, han dejado miles de muertos en los últimos años.
“Sé que muchos en Birmania tienen heridas de la violencia, heridas visibles e invisibles”, dijo Francisco a los asistentes.
Pidió a la gente responder con “perdón y compasión” y añadió: “la venganza no es el camino de Jesús”.
Su mensaje de perdón fue la primera misa publica en el país de mayoría budista.
El papa dijo que su misión en Birmania era predicar a los 660.000 católicos del país.
Una oración leída en el idioma Karen se refirió a las charlas entre el gobierno civil y 17 de los 20 grupos étnicos de Birmania que han luchado durante décadas por mayor autonomía.
‘Milagro’
El primer cardenal de Birmania, Charles Bo, describió la visita de Francisco como un “milagro”.
La visita del papa a Birmania estaba rodeada de especulación sobre si se referiría a los musulmanes rohinyás directamente tras comentarios del líder de los católicos del país quien dijo que no debería hacerlo.
Hasta el momento, Francisco no ha mencionado a los rohinyás o las operaciones militares en el estado Rakaín, las cuales han sido catalogadas como “limpieza étnica” por los Estados Unidos y las Naciones Unidas.
La violencia estalló en el Estado Rakaín de Birmania el 25 de agosto, cuando las fuerzas de seguridad del país lanzaron una operación en contra de la comunidad musulmana rohinyá, Suscitando una nueva ola de refugiados al vecino Bangladés, aunque este país cerró su frontera a los refugiados.
Según reportes mediáticos, las fuerzas de seguridad de Birmania han usado fuerza excesiva, desplazando a miles de aldeanos rohinyá y destruyendo sus hogares con morteros y ametralladoras.
La región ha visto un alza en las tensiones entre la población musulmana y budista desde que la violencia comunal empezó en el 2012.
Una operación llevada a cabo en octubre pasado en Mangdaw, donde los rohinyá comprometen la mayoría de la población, llevó a la redacción de un reporte sobre violación de derechos humanos por parte de las fuerzas de seguridad birmanas en la ONU que indicó la existencia de crímenes en contra de la humanidad.
La ONU documentó violaciones masivas, asesinatos, palizas brutales y desapariciones. Representantes de la comunidad rohinyá dijeron que aproximadamente 400 personas han muerto en las operaciones.
Según el ministro de relaciones Exteriores de Bangladés, Abul Hasan Mahmoud Ali, quien también califico las masacres como un “genocidio”, cerca de 3.000 rohinyás han muerto en las operaciones.
Los rohinyá, descritos por la ONU como el grupo de personas más perseguidas del mundo, se enfrentan a crecientes temores de ser atacados tras que docenas fueran asesinados, víctimas de violencia comunitaria en el 2012.
Más tarde, el miércoles, Francisco se reunirá con el liderato budista de Birmania y hablará con los curas católicos del país.
El jueves auspiciará una misa para jóvenes antes de dirigirse a Bangladés.
*Ahmed Fawzi Mostefai contribuyó con la redacción de esta nota.