Mientras la nación del Este africano intenta encontrar una solución a la crisis política que amenaza con expandir la violencia, los espectadores y las víctimas hacen un llamado a cuestionar la democracia en Kenia y la capacidad de la región para manejar el ambiente convulsionado.
Un grupo de seguidores de la oposición llegó a las urnas esta semana, luego del boicot que su líder, el excandidato presidencial Raila Odinga, propuso en la repetición de las elecciones presidenciales.
Las elecciones se realizaron de nuevo, después de que la Alta Corte del país anulara los comicios del 8 de agosto, debido a ilegalidades e irregularidades.
El presidente Uhuru Kenyatta lideró las recientes elecciones, con más de 7 millones de votos, es decir, el 98% de los votos emitidos, seguido por Odinga, el ex primer ministro.
Odinga obtuvo más de 70.000 votos, a pesar de pedirles a sus seguidores que boicotearan las nuevas votaciones. Es importante señalar que Kenia tiene poco más de 19 millones de votantes registrados.
Tras la votación del pasado jueves, cuatro manifestantes murieron a causa de disparos de la Policía, y al menos otros 50 fueron trasladados a hospitales con heridas de bala, según un comunicado de la Policía emitido este viernes.
Las violentas protestas han sacudido a las principales ciudades de todo el país, incluyendo a Nairobi, Kisumu y Mombasa, y algunas áreas se han convertido prácticamente en ciudades fantasma.
En los fuertes de la oposición se pueden escuchar los disparos cada pocos minutos, y las carreteras están bloqueadas con rocas y neumáticos en llamas.
Varias casas fueron quemadas por manifestantes este viernes en el área de Kawangware, en Nairobi. La Policía dijo que 80 personas fueron arrestadas, además de cuatro manifestantes que fueron asesinados.
Agitación política
La agitación política amenaza a uno de los gobiernos más estables del Este de África, y la situación actual tiene consecuencias de gran alcance para la región y el continente.
El analista sociopolítico sudafricano, Junior Adusei Kakari, le dijo a la Agencia Anadolu que Kenia se encuentra de nuevo en una situación precaria, especialmente en lo que respecta a la democracia.
Recordó la violencia que surgió después de las elecciones del 2007-2008 dejó más de 1.200 personas muertas y muchos otros desplazados internos.
"Kenia, una vez aclamada y elogiada por la comunidad internacional por ser uno de los países líderes en África, al tener un Tribunal Supremo que anuló el triunfo electoral de un presidente en ejercicio, rápidamente se ha convertido en una burla política en términos de democracia en el continente africano", dijo Adusei.
"El actual dilema post-electoral en curso en el país ha dejado mucho que desear de la democracia que alguna vez fue tan progresista en el continente", agregó.
Adusei dijo que el mundo está siendo testigo de cómo se desarrolla la crisis, a medida que las estructuras regionales y continentales se vuelven inactivas y no instrumentales en la resolución y el asesoramiento de la situación.
"Esto una vez más cuestiona la dedicación del Gobierno de Kenia frente a la ideología de la democracia y la Constitución de Kenia, la eficacia de las estructuras regionales en la aplicación de la democracia y la armonía política en el continente y, por último, el respeto a la voluntad del pueblo y el estado de derecho en el continente ".
La situación genera una oportunidad para las comunidades regionales y continentales de desarrollar e implementar medidas para abordar disputas electorales similares que son frecuentes en el continente, dijo Adusei. Esto, en lugar de esperar que se den situaciones que terminen en muertes masivas y que además obliguen a los gobiernos a pedirle ayuda a la comunidad internacional.
Requerimiento constitucional
La Agencia Anadolu también consultó a la analista política Ruth Ambogo, quien dijo que el hecho de que algunos keniatas “no participaran en las elecciones le está mostrando al mundo que tienen una democracia muy fuerte”.
“La representación de los medios de comunicación keniatas ante el boicot masivo como manifestaciones de una tribu particular o una región específica es erróneo. El boicot se presentó en todo el país, incluso en las áreas del país en donde los ciudadanos disfrutan tales libertades y derechos, como el de la decisión de tomar o no parte en una elección”, dijo Ambogo.
La analista y abogada cree que las votaciones claramente han fracasado en el cumplimiento de los requerimientos constitucionales que tienen que ver con la realización de una elección presidencial.
“La ley dictamina que tal elección tiene que realizarse en todas y cada una de las circunscripciones del país”, dijo ella. “Se suspendieron las elecciones en cuatro condados, que son lugares donde predomina la oposición. Esto significa que, siendo las cosas así, estas fueron unas elecciones ilegales”.
Ambogo menciona que Kenia necesita tener una conversación seria y cree fuertemente que la Corte Suprema anulará de nuevo las últimas elecciones.
La analista aseguró que los líderes políticos se deben comprometer con estos diálogos para marcar un camino, en vista de que los eventos recientes son un claro indicador de que el país se encuentra dividido, en su mayoría, entre líneas étnicas.
La decisión del partido oficialista de celebrar unas elecciones que no cuentan con un rival es una vergüenza aún más grande, no solo ante los keniatas sino ante la comunidad internacional, según Abogo.
“Es una vergüenza que no podemos justificar porque se trata de la voluntad del pueblo. Es una vergüenza para nuestro cuerpo electoral y necesitamos enfrentar todo esto. Necesitamos abordar el tema de la división en el país y los defectos técnicos al interior del sistema e incluso otras instituciones como la de la Policía, que claramente se han alborotado y han asesinado a personas en medio de las elecciones, cosa que es muy lamentable”.
Al igual que Adusei, Ambogo cree en el efecto dominó de las disputas electorales y la inestabilidad política que está emergiendo en el continente, y asegura que esto requiere una gran atención por parte de los órganos regionales, nacionales e internacionales para encontrar una solución y un marco a través del cual se puedan afrontar dichas situaciones.
Geroge Musamali, analista político y de seguridad, director de los Servicios Ejecutivos de Protección en Nairobi, asegura que el gran índice de abstinencia que resultó de las últimas elecciones, con un total de 66%, comparado al 20% que se presentó en agosto, es una prueba de que “hubo una apatía a las votaciones en este caso tan grande que las personas no salieron a votar de la forma en que se esperaba”.
Componente económico
Musamali calificó las elecciones como un fraude porque no cumplieron con los términos que ordena la Constitución.
“Está claro que estas elecciones fueron una farsa. La misma abstinencia puede decir que los keniatas no estaban listos para estas elecciones, tal y como fue denunciado por la oposición. Esto le envía un mensaje al resto del mundo: la voluntad de la gente no prevaleció en Kenia”, dijo Musamali.
“Los keniatas esperaban unas elecciones libres, justas y confiables, y estas no cumplieron esas características. La credibilidad de las votaciones está en duda. Es por eso que esperábamos este tipo de reacción (protestas masivas) por parte del público, y esto es lo que la gente de Kenia le está diciendo a la comunidad internacional y a África cuando hablamos de elecciones: déjennos tener unas elecciones libres, justas y confiables. Cualquier cosa que se encuentre por debajo de eso no es una elección sino una farsa, una gran broma a los derechos democráticos de los keniatas”.
Más allá de las preocupaciones políticas, el componente económico tampoco se puede poner de lado ni puede ser ignorado.
En una nación que tiene una tasa de desempleo tan elevada, y donde la persona que cuenta con un salario promedio llega a su casa cada día con menos de dos dólares, Ambogo destacó que las elecciones le van a salir muy costosas a las personas que pagan impuestos.
“Solo en las últimas elecciones, usamos 12.000 millones de chelines (USD 115 millones)”, dijo ella. “La semana pasada, la Alianza del Sector Privado de Kenia (KEPSA) publicó un reporte que evidencia que Kenia ha perdido unos 700.000 millones de chelines en ingresos a causa de las elecciones, así que nos preguntamos ahora: cuánto más vamos a perder si se anula otra elección y hacemos una más. Ya hemos tenido dos elecciones en un periodo de cuatro meses. Las implicaciones de esto son muy costosas”.
Sin embargo, el diputado keniata William Ruto defendió las elecciones del jueves argumentando que en las reelecciones siempre se presentan bajos índices de participación, “especialmente cuando hay un boicot”.
En una entrevista con la CNN, Ruto dijo que muchos keniatas se rehusaron a votar debido a la violencia.
“Hubo un porcentaje de votantes que se negó a votar. Desafío a nuestro oponente a remover la milicia que bloqueó la entrega de material electoral y sabremos con seguridad si aquellos que resultaban afectados querían votar o no”, dijo Ruto.
*Daniela Mendoza contribuyó a la redacción de esta nota.
news_share_descriptionsubscription_contact
