Sergio García Hernández
04 Mayo 2018•Actualizar: 04 Mayo 2018
Por: Sergio García Hernández
Andreína Blanco, la hija del diputado opositor al Gobierno de la Asamblea Nacional de Venezuela Richard Blanco, es una de los más de 58.000 migrantes que han llegado a Argentina procedentes del país gobernado por Nicolás Maduro desde 2014, por la crisis de su nación.
Las razones de la migración de Andreína están vinculadas al trabajo de su padre, quien también es el presidente del partido opositor al Gobierno, Alianza Pueblo Bravo, fundado por el exalcalde de Caracas, Antonio Ledezma.
La hija del reconocido opositor es licenciada en estudios internacionales y en Venezuela su apellido le impidió ejercer su carrera.
“No podía ejercer mi profesión por ser la hija de un opositor conocido. Me sentía desplazada de mi propio país. Luego la situación general me fue echando de mi propio país. Sentía que irme era la opción para lograr mis metas y sueños”, le contó Andreína a la Agencia Anadolu.
El encarcelamiento de Richard Blanco, en agosto de 2009, expuso a Andreína a los medios de comunicación de su país, cuando tenía 21 años de edad. Pasó de ser una joven universitaria que debatía sobre las relaciones políticas internacionales a convertirse en una defensora de los derechos humanos, en especial los de su padre.
Andreína fue una de las personas que más reclamó la libertad de su padre, detenido por una supuesta agresión a un policía en una marcha de la oposición. El diputado fue privado de la libertad pese a que las cámaras que grabaron el momento mostraban que estaba protegiendo al hombre de seguridad, a quien los manifestantes acusaban de ser un infiltrado del Gobierno de Hugo Chávez en la protesta.
“Me tocó ser su vocera. Él estaba aislado completamente. Tuve que ir a todos los medios contando mi verdad”, sostuvo Andreína desde Argentina.
Con el encarcelamiento de su padre, que duró cerca de un año, esta venezolana se convirtió en un rostro conocido en su país. Luego las escasas oportunidades en su nación la invitaron a migrar. “Quería huir a la exposición en la que me vi inmersa durante esos años”, narró.
Andreína conocía Argentina y sabía que los venezolanos eran bien recibidos y tenían que hacer pocos trámites, por ser integrantes del bloque Mercado Común del Sur (Mercosur). La migración se convirtió en una alternativa por la que ella optó.
“Los venezolanos tenemos que agradecer que en Argentina nos tratan como en casa y valoran nuestro trabajo. Ojalá seamos ejemplo de lo bueno, de lo valorable”, detalló Andreína.
La joven migrante completó cuatro años de estadía en Argentina. Cuenta con un trabajo y con un permiso de residencia permanente. Sus planes incluyen el matrimonio con un argentino, programado para el próximo diciembre. En su futuro el regreso a su país luce distante.
“Por ahora no tengo pensado volver. Veo muy mal a mi país. No veo la salida y lo mas doloroso es que mis afectos, mi familia, mis mejores recuerdos, están allá”, afirmó Andreína.
La venezolana, de 29 años, tampoco se olvida del trabajo de su papá, uno de los políticos más fuertes de la oposición venezolana. Richard Blanco lidera en Venezuela a miles de personas que buscan un cambio en su país, en un partido que despierta solidaridad por ser encabezado por él, quien tuvo que pasar por la cárcel, y por Antonio Ledezma, que huyó de su país en noviembre del año pasado y quien desde el exterior ha promovido sanciones contra Maduro.
Para Andreína el papel de su padre en la sociedad venezolana solo lo puede adquirir un verdadero político que lo deja todo por un ideal. “Me llena de orgullo y me preocupa. Es un rol muy peligroso”, resaltó.
Andreína ahora guía a cada venezolano que llega al país que la acogió cuatro años atrás. “Mi misión es recibir a los que se vienen y crear una comunidad de venezolanos ejemplares”, le aseguró a la Agencia Anadolu.
La historia de Andreína es solo una de las más de 58.000 que se cuentan en Argentina de personas que como ella buscan un futuro lejos de su nación. Datos de la Dirección Nacional de Migraciones (DNM) de Argentina indican que el país otorgó 12.859 permisos de residencia a venezolanos en 2016, y 31.167 en 2017.
El número de radicaciones en 2015 sumó 5.798. Este año, solo en el primer bimestre, la nación del Cono Sur dio 8.756 autorizaciones a venezolanos para establecerse en su territorio.
Las cifras oficiales señalan que la comunidad venezolana es la que más creció en los últimos dos años en Argentina y todo indica que en 2018 esta tendencia será superior. La mayoría de venezolanos que llegan son jóvenes profesionales, tienen entre 20 y 40 años y cuentan con estudios técnicos o universitarios, como Andreína, la hija de un opositor que buscó un sueño que su nación le negó.