Susana Patricia Noguera Montoya
20 Junio 2018•Actualizar: 21 Junio 2018
Esta semana se inició la Tercera Conferencia sobre la lucha contra las armas ilícitas pequeñas, en la sede de la ONU en Nueva York.
Durante los debates, que durarán dos semanas, los Estados buscarán negociar un documento en el que refrenden su compromiso con el combate a la proliferación de armas pequeñas y ligeras ilícitas.
En el evento especialistas explicaron que la mayor parte de los conflictos actuales se pelean con armas pequeñas y ligeras en posesión de grupos opositores, crimen organizado, pandillas y terroristas.
El evento es liderado por el Alto Representante de las Naciones Unidas para el Desarme, Izumi Nakamitsu. Allí expertos y representantes gubernamentales discuten cómo abordar el flujo y la circulación sin control de armas pequeñas y ligeras ilícitas, que afectan a comunidades en todo el mundo.
La ONU estima que el comercio ilícito de armas pequeñas alcanzaría los 1000 millones de dólares al año y calculan en menos de 15% las armas de fuego propiedad de civiles registradas.
Esas armas, al caer en manos de grupos ilegales, obligan a desplazamientos masivos de población y son instrumentos para la violencia sexual y de género, entre otros abusos de derechos humanos.
“La violencia armada hace más acentuada la pobreza, obstaculiza el acceso a los servicios sociales y supone un gasto mayúsculo para los sistemas de sanidad, además de frenar el crecimiento de los países; sin embargo, el lucrativo negocio de las armas pequeñas inunda el mundo con unos 900 millones de ellas, la gran mayoría en manos de civiles”, explicó la ONU en un comunicado de prensa.