Joseph Muema ha ido a su trabajo de pintor con aerosol durante los últimos tres años con el conocimiento de que su vida en la tierra se acorta cada día que pasa, algo que él insiste es por el bien de su familia.
En el área de Huruma en Nairobi, el esposo y padre de dos hijos, de 42 años, se presentó a trabajar con un uniforme sucio, deshilachado y desaliñado. "No recuerdo la última vez que se lavaron estas prendas y las compartimos entre nosotros (otros cuatro)", dice, riéndose entre dientes.
Joseph es uno de los miles de keniatas que trabajan con pintura en aerosol, exponiéndose a tóxicos cada día.
Joseph tiró de un viejo cable de arranque del generador diesel que respondió tosiendo un humo negro y espeso, tal vez una señal de que el motor no estaba funcionando como debería. Pero después de una breve carcajada, el motor comenzó a ronronear y aceleró.
Frente a él había un ataúd recién hecho. A medida que el generador proporcionaba presión al rociador de pintura que tenía en la mano, Joseph probó la presión soplando una gruesa nube tóxica de pintura en el aire. Un olor desagradable llenó el espacio, provocando una sensación de asfixia.
Se produjo una breve pausa.
“La máquina funciona correctamente”, dijo Joseph mientras oprimía el gatillo de la bomba de pintura y procedía a aplicar un café oscuro en el ataúd.
“Yo trabajo en esto para alimentar a mi familia. Pinto muebles. Actualmente, la mayoría de trabajos que realizo es de ataúdes porque dejan más dinero. Como puede ver, no tengo ningún artefacto para proteger mi respiración. ¿Se llaman máscara de protección para pintura en spray, cierto?”, preguntó Joseph mientras le hacía a un ademán a un colega que estaba dando los toques finales de pintura fresca a otro ataúd.
Joseph me dijo que, desde que comenzó con este trabajo en 2014, ha sufrido de problemas respiratorios, “los cuales los doctores dicen que es a raíz de su trabajo y de la base tóxica de la pintura que inhalo todos los días”. Él también dijo que ha sufrido de problemas de presión y del corazón, “todo relacionado con la labor”.
“Sé que estas pinturas me están matando y están haciendo mi vida más corta, pero tengo que llegar a fin de mes. No voy a recurrir al robo, como mi amigo", dijo.
"Cuando comienzas este trabajo, tratas de limpiarlo, pero a medida que pasan los días, se convierte en un color natural. Hemos elegido matarnos con este veneno todos los días solo para sobrevivir".
Joseph está agradecido de que su familia tenga comida sobre la mesa y vivan en paz. “Nosotros no nos preocupamos mucho sobre el hecho de estar envenenándonos con esta cosa”, dijo él mientras uno de los compañeros de trabajo asentía con la cabeza.
En este punto, Joseph fue interrumpido por un colega que le ofreció ayuda para finalizar su trabajo, pero él lo rechazó moviendo su dedo índice.
"Ya has hecho tu parte y, después de todo, tienes una terrible tos", dijo en lengua vernácula.
Tóxico
De acuerdo con un reciente estudio de IPEN, una organización internacional que promueve el uso seguro y sustentable de agentes químicos, y el Centro para la Justicia y el Desarrollo del Medioambiente (CEJAD), un observador en Kenia, el 71% de las marcas de pintura (27 de las 31 marcas) que hay en países de África oriental contienen niveles letales de tóxicos.
Pero no solo son los pintores con aerosol los que se enfrentan a esta amenaza de salud. Los niños tampoco se salvan, ya que juegan y comen tierra y polvo contaminados con el metal pesado. Los keniatas de todos los ámbitos de la vida también corren el riesgo de envenenamiento por plomo, ya que la mayoría de las pinturas de pared están hechas con ese metal pesado.
Según el jefe del CEJAD, Griffins Ochieng, los impactos sobre la salud de la exposición al plomo en los cerebros de los niños pequeños son "de por vida irreversibles e intratables".
"Estamos limitando el desarrollo intelectual futuro de nuestros niños y de nuestra nación, a pesar de que ya existen y se encuentran ampliamente disponibles alternativas seguras y efectivas. Debemos reducir esta fuente crítica de exposición al plomo en niños pequeños", dice el informe del 27 de octubre.
Según el reporte, las pinturas amarillas son "las más peligrosas, con un 76% de concentraciones de plomo superiores a 10.000 partículas por millón" y "casi un tercio de las pinturas rojas contenían concentraciones altas de plomo".
La mayoría de las pinturas de Kenia no tiene indicadores o signos que demuestren que contienen plomo, y los esfuerzos de la Agencia Anadolu para obtener una reacción de algunas compañías de pintura en Kenia no tuvieron éxito.
Jane Nishida, administradora asistente en funciones de la Oficina de Asuntos Internacionales y Tribales de la Agencia de Protección Ambiental de EEUU, cree que el "desafío en este momento es la conciencia".
"Creo que cuando los países reconozcan cuán fácil es abordar el problema, se unirán a nosotros en la alianza para eliminar el plomo de las pinturas para el año 2020", dijo Nishida en agosto en un programa ambiental de la ONU en la capital de Kenia.
Sin embargo, en el taller, Joseph le dijo a la Agencia Anadolu que tal vez algún día uno de los ataúdes que rocía con pintura será en el que lo entierren a él.
*María Paula Triviño contribuyó con la redacción de esta nota.
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